Une agitation reposant

Fecha: 1975

Técnica / material: Mármol de Carrara 

Dimensiones: 65 x 113 x 83 cm 

Categoría: Escultura

Fecha de ingreso: 09 / 03 / 1979 

Expuesto en: Sala colección permanente 

Agustín Cárdenas

(Cuba, 1927 – 2001)

Nacido en Matanzas, inició sus estudios en la Academia de Artes Plásticas de San Alejandro de la Habana. A finales de los cuarenta empieza a realizar encargos de corte académico y con influencia de Bourdelle. Su obra entre 1949 y 1951 tiende hacia lo monumental con figuras femeninas gruesas y pequeñas, que nos recuerdan las obras de Maillol y Picasso. Hacia 1951 estas figuras empiezan a abandonar el naturalismo en busca de una síntesis formal, que le acercan a las obras de Henry Moore.

Entre 1952 y 1953 se encuentra inmerso en un proceso creativo en el que lo figurativo va perdiendo relevancia; el hallazgo casual de una talla dogón en la páginas de un libro le afecta de tal manera que a partir de ese momento se define su estilo personal, que se manifestará a través de la abstracción o semi-abstracción de referencias orgánicas. En 1955 recibe una beca y se establece en París, donde trabajaría la madera, el mármol y el bronce dentro de la tradición artesanal de la escultura. En 1959 expone en la Galerie de la Cour d’Ingres de París donde André Bretón elogiaría las formas totémicas de sus esculturas en el texto de presentación del catálogo.

Durante estos años y en la década de los sesenta numerosos artistas, huyendo de la sociedad tecnológica, del maniqueísmo político y de las tendencias neoplasticistas, hallaron las posibilidades de las culturas africanas a través de sus representaciones, que supusieron un oportuno remedio puesto que además de sus planteamientos estéticos, las figuras prototípicas suponían la representación simbólica de un orden moral y social que vinculaba al hombre con la naturaleza.

Cárdenas, partiendo de este descubrimiento, pero desde Europa y con una óptica de escultor contemporáneo, realizó una lectura personal de esas obras y las depuró y despojó de atributos naturalistas y elementos rituales, en favor de una refinada y elegante tensión, llenas de sensualidad y sugerencias. Durante los años setenta, Cárdenas realiza misteriosas variaciones fisionómicas en ébano, caoba y roble, que interioriza realizando un juego formal y compositivo manteniendo la influencia africana, pero aportando su representación figurativa. El escultor se apropia de lo abstracto-estructural de la plástica africana, no de sus soluciones de síntesis figurativa, como hizo Wilfredo Lam. De esta época son obras como Torse, Les Gémeaux, o Papillon Blanc Nº 1.

Pocos años después de haber iniciado la serie de los tótem, el artista trabaja distintas morfologías y con otros materiales: mármoles, piedras blancas y amarillas, bronces, con influencias de escultores como Brancusi y Arp. De este periodo es la obra Une agitation reposant (1975), espléndido mármol blanco de Carrara, donde manifiesta su preocupación por realizar superficies curvas y compactas, con formas que se vuelcan hacia sí mismas para hacer valer el interior de la obra. Las formas descienden suavemente para volver a elevarse, creando ligeros abultamientos que aportan ritmo y dinamismo. Todo ello, a través de una gran pureza formal realzada por la suave y agradable superficie del mármol, trabajado con gran destreza, y a través del cual el espectador es seducido por lo táctil y visual de esa figura sinuosa, al tiempo que rotunda.

En su deseo de profundizar en las fuentes africanas, realizaría también numerosos trabajos en bronce, como «Couple antillais» —realizada anteriormente en madera— , pero en todas sus obras, Caŕdenas motiva al espectador a una contemplación íntima y sostenida, a través de nuestros sentidos, invitándonos, no sólo a acariciar esas piezas que nos cautivan, sino también a rodearlas, atraídos por una especie de encantamiento visual y estético.

▲