Estudió en la Escuela de Bellas Artes de Madrid, estableciéndose en París en 1980. En 1982 realiza su primera muestra individual en la Galería Trans/form, disponiendo las telas sobre la pared como si se tratase de grandes cortinajes, con figuras de carácter agresivo y trazo suelto, fondos densos protagonizados por masas de color, y con composiciones ligadas al expresionismo abstracto americano.
En 1983 realiza dos exposiciones individuales, en Villeurbanne y Montpellier, mostrando una pintura de espíritu expresionista de gran éxito en Europa. Trabajos con repetición de pinceladas, abundante materia, utilización del goteo y recursos próximos a la acción directa, con temática marina y formatos del mundo cotidiano e industrial como aspiradoras, planchas, batidoras, tijeras, etc. Que terminarán protagonizando los cuadros. Los temas, aunque irrelevantes, ordenan la composición y constituyen una excusa para mostrar su interés por las texturas y su poder evocador.
Entre 1983 y 1984 realiza una serie de paisajes urbanos que repiten una misma perspectiva en profundidad, mediante el uso de líneas diagonales, que se forman uniéndose a los elementos verticales que incorpora en la composición: farolas, árboles, columnas, etc. Los colores adquieren más diversiad, a los ocres, amarillos, rojos, grises y azules, se incorporan verdes claros, turquesas y rosas, sin olvidar los negros y blancos.
En 1985 se traslada a Nueva York y contacta con la Galería Blum Helman. Su obra sufre un cambio radical, que le acerca a los postulados de la abstracción analítica, basados en una reflexión sobre lenguajes constructivistas. En estos años consigue renombre internacional y realiza una serie sobre flores, que muestran una silueta ondulada sobre un fondo fragmentado en varias unidades y coloreado con tonos diferentes. Las obras de este período se muestran con gran libertad en el gesto y se caracterizan por la violencia del color y el dinamismo en el trazado.
Su obra poco a poco se va fragmentando en diferentes módulos y progresivamente irá eliminando cualquier referencia formal, de manera que sus pinturas se reducen a composiciones mínimas, en las que realiza una búsqueda basada en el color, reduciéndolo hasta quedar limitado a uno sólo: el blanco.
Es el caso del aguafuerte Tanaina, correspondiente a la serie Malpaís, con predominio de blancos y la utilización de ceras con imágenes fotográficas, que buscan, según Dan Cameron, la confusión del espectador mediante «[…] la presentación de trompe-l’oeil de cuerpos muertos de abejas, que parecen encontrarse suspendidas justamente debajo de la superficie de la cera… quizá esto sea en parte porque las abejas añaden un elemento crucial de ambivalencia del lado del espectador en el hecho de que se duda si podrian ser reales o si no lo son, de tal manera que una vez más se hace referencia al tema de la duda perceptual. Sin embargo, en este caso, enterarse de que la verdad es que las abejas no son reales, a su vez, no disminuye el valor de nuestro deseo sostenido de ver si lo son».
La obra de Sicilia ha pasado de estar pintada desde la superficie a hacerlo desde el interior del cuadro, mediante elementos que aparecen o se mezclan con la materia. En los últimos años, los motivos han perdido nitidez en beneficio del soporte que ha ido ganando presencia. Todo ello mediante el uso de materiales que han contribuido a acentuar las veladuras y transparencias del espacio plástico.

