Sin título

Fecha: 1975

Técnica / material: Mixta sobre lienzo 

Dimensiones: 135 x 196 cm 

Categoría: Pintura, Técnica mixta

Fecha de ingreso: 09 / 03 / 1979 

Expuesto en: Sala colección permanente 

Pedro González

(La Laguna, Tenerife. 1927 – 2016)

El pintor Pedro González empieza su formación artística en el estudio del pintor Rafael Llanos. Durante el período entre 1946-48 se traslada a Madrid para realizar estudios de ingeniería y en la capital frecuentó el Museo del Prado y la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. De vuelta en La Laguna en el año 1949 se matricula en Ciencias químicas, licenciándose cinco años más tarde y en la Escuela de Bellas Artes de Santa Cruz  de Tenerife en 1950. En esta misma ciudad realizó su primera exposición individual en 1953 en la Sala Provenza. Entre 1955 y 1960 vive en Venezuela y Caracas, compatibilizando en estos años la docencia artística con la pintura, exponiendo anualmente a título individual en el Liceo Lisandro Alvarado de Barquisimeto (1956), dos veces en el Museo Nacional de Bellas Artes de Caracas (1957 y 1960), en el centro Profesional del Este de la misma ciudad (1958) y en el Casino de Santa Cruz de Tenerife (1959). En 1961 regresa a España y se establece en su ciudad natal.

En el año 1962 expondrá en el Círculo de Bellas Artes de Tenerife y viajará por Francia y Alemania, fundando el grupo Nuestro Arte, junto a Miguel Tarquis y Enrique Lite (con este último expondrá dibujos en el Museo Municipal de Santa Cruz de Tenerife en esa fecha). Las actividades de Nuestro Arte se centran en la edición de libros, la promoción de exposiciones y ciclos  de cine y literatura, extendiéndose hasta 1971, año en que se disuelve el grupo.

Tras una primera etapa figurativa, la obra de Pedro González incorporará ciertos rasgos expresionistas y una mayor violencia en el uso del color para, a partir de 1959, evolucionar hacia una estética abstracta que con la llegada de los años setenta se llenará de referencias cósmicas (Cosmoarte aparece como título recurrente de sus trabajos en esos años). Será casi una constante de su obra en este período que las manchas llenas de impulso, en gamas cromáticas que a pesar de todo se mantendrán armoniosas y apagadas, con predominio de los ocres, tierras y colores neutros, se organicen de tal modo que traigan a la escena toda la presencia de un cuerpo con tan solo alguna pequeña alusión a él, lo que podría ser una cabellera peinada, un pubis, el contorno de un brazo, una cadera o un seno. Figuras que suelen quedar ocultas, como tachadas, por empastes y acumulaciones de pintura de raigambre informalista y que privan al espectador de su mayor parte o al menos de aquellas más significativas para que puedan ser reconstruidas por la visión.

Así, en 1976, Ventura Doreste, en la presentación al catálogo de pinturas editado con motivo de la exposición con la que Pedro González inauguró la Sala de Arte y Cultura del Puerto de la Cruz, en cuyas páginas podemos ver reproducido este óleo sobre lienzo del año 1975, nos da la clave de la evolución del pintor al comentar cómo: «[…] se ha visto muy bien que en cierta etapa de Pedro González domina la simple mancha, especie de simple nube o ameba que se concretará con el paso del tiempo, hasta generar extrañas formas viscerales y, luego, formas humanoides. Estamos a punto de sorprender la aparición del hombre».

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