Los primeros años del escultor Isidro Miguel Evaristo Barón Molina transcurren en el seno de una familia de economía desahogada a la vez que de notable cultura artística. Su abuelo paterno, el primer Francisco Barón de la dinastía, que había sido pintor, llegó a ejercer como director del Museo de Bellas Artes de Sevilla. Así, el escultor recordará estos años suyos infantiles a través de vivencias «siempre de orden de forma y color», y sus momentos remotos de mayor felicidad los asociará a la solitaria compañía de sus primeras pinturas y lápices de colores.
A causa de la Guerra Civil española se trasladó con su familia a Tuy, donde permanecerá hasta el año de finalización de la contienda en que regresan a la capital. De ese momento es el recuerdo del escultor de su primer contacto con el modelado en barro de las figuras de un nacimiento navideño, así como los primeros retratos dibujados de personajes famosos copiados de fotografías. A los nueve años ingresa en el Colegio-Estudio, procedente del espíritu de la Institución Libre de Enseñanza, donde, progresivamente, desarrollará diversas actividades artísticas a las que destinará cada vez mayor tiempo y dedicación.
En 1945 una hermana de su madre le presta el local vacío de un antiguo garaje donde montan su primer estudio, y en el cual alterna la fotografía y la pintura con la escultura, modelando retratos familiares bajo la influencia de Rodin Benlliure. Frecuenta en esos años el Museo del Prado, el Círculo de Bellas Artes y el Casón del Buen Retiro. En 1948 obtiene una medalla de bronce en la fase nacional de la Exposición de educación y descanso, ingresando, al año siguiente, en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, donde obtendrá, en ese mismo año, el primer premio de modelado de la escuela. En 1950 acepta un puesto de profesor de modelado y cerámica en el Instituto Ramiro de Maeztu, puesto que conservará hasta finalizar los estudios de Bellas Artes en 1954. En este periodo estudiará a Donatello y la estatuaria clásica griega y romana. En el año 1958 recibe una beca del Ministerio de Educación Nacional con destino a la Central London School; es allí donde toma contacto con Henry Moore, Faiga d ́Ostrover, Reginald Butler, Kenneth Armitage, Eduardo Paolozzi, Victor Pasmore, Meadows…
En 1959 consigue otra beca para realizar estudios en la Universidad de Yale, donde conoce a Robert Engman, De Creft, Seymour Lipton, Max Bill y Josef Albers. En 1960 realiza su primera exposición individual en la Datorro and Tonoff Gallery de Providence, regresando definitivamente a España en 1962 donde, tres años más tarde, obtiene otra beca de la Fundación Juan March.
A partir de entonces su obra se alejará de la figuración expresionista para, en torno a la mitad de la década de los sesenta, comenzar a investigar sobre objetos encontrados. A continuación entrará en un periodo de abstracción organicista que, ya en los años setenta, encuentra una característica expresión en sus esculturas móviles y manipulables. Uno de los mejores ejemplos lo encontramos en La semilla (1976), obra en nogal que insiste en la conexión rítmica de formas ovoides y que, a modo de un inverosímil engranaje orgánico, formado por múltiples y complejas articulaciones, es capaz de sorprender en el desarrollo de las sucesivas etapas de su despliegue, de su «germinación».

