Estela

Fecha: 1993

Técnica / material: Aguafuerte y aguatinta 

Dimensiones: 160 x 120 cm 

Categoría: Grabado

Fecha de ingreso: 01 / 01 / 1995 

Expuesto en: Antesala planta baja 

Jordi Teixidor

(Valencia, 1941)

El pintor Jordi Teixidor finaliza sus estudios en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos en 1964. En 1966 entra a trabajar —con el también pintor José María Yturralde— como conservador del recién inaugurado Museo de Arte Abstracto de Cuenca creado por Fernando Zóbel, y que albergaba la importante colección que éste había ido reuniendo a partir de la década de los cincuenta. El museo, uno de los pocos del mundo pensado y creado por artistas, supuso que en torno a él se formará un punto de encuentro y de contacto para muchos de ellos, y así, durante esos años, Teixidor se beneficiará especialmente de las enseñanzas de Gustavo Torner y Gerardo Rueda. Ese mismo año realiza su primera exposición individual en la Sala Mateu de Valencia.

Teixidor formará parte del grupo Nueva Generación desde sus comienzos: la presentación del colectivo se hizo en 1967 en la Sala Amadís de Madrid, con una exposición de trece artistas seleccionados por el pintor, y también participante, Juan Antonio Aguirre —quien llegaría a ser director de este mítico espacio, plataforma también, ya en los setenta, de la Nueva figuración madrileña junto a otras figuras singulares como Santiago Serrano o Soledad Sevilla—, entre los que figuraban, además de los dos mencionados, José Luis Alexanco, Anzo, Elena Asíns, Manuel Barbadillo, Pablo Manuel Egido, Jordi Galí, Pedro García Ramos, Julian Gil, Luis Gordillo, Julio Plaza y José María Yturralde.

En este contexto crea sus primeros trabajos: una serie de «puertas» formadas por elementos de plásticos y madera salpicados de pequeñas formas metálicas (tiradores, hembrillas) que el espectador podía manipular o abrir, y en lo que se puede rastrear la huella del pop-art, tanto la que se refleja en el interés por los objetos cotidianos como por su relación con el lenguaje de los mass-media.

Juan Antonio Aguirre, en su libro Arte último. La ‘Nueva Generación’ en la escena española (1969), en el que exponía la diversificada representación de los artistas por él elegidos, comenta sobre esas obras Teixidor: «Desde hace unos años la obra de Teixidor viene caracterizándose por el empleo de unas puertas que el espectador puede e incluso tiene necesidad de abrir. Ese objeto “posibilidad de apertura” se conjuga con un lenguaje formal ordenado y preciso que él viene simultáneamente utilizando. Con mayor importancia, y en unión a lo geométrico, emplea una gama cromática de refinados tonos, desde el rojo más violento al más sedante de los verdes. Y más allá del color y las formas, superando lo plano, el elemento espacio».

El pintor, a la vez que conoce los trabajos de Motherwell y Barnet Newman, el minimal, a través de la obra de Frank Stella y Robert Morris especialmente, y las experiencias de grupos como Support-Surface o los españoles Trama, en la década de los setenta se replantea su relación con el movimiento racionalista, y tras el redescubrimiento de la obra de Matisse, durante un viaje a Nueva York en 1973, se determina en su trabajo la adopción de un estilo en el que los problemas pictóricos pasan entonces a un primer plano. Surgen en ese momento lienzos de inspiración geométrica, con bandas laterales u horizontales y formatos variables —algunos triangulares—, en los que han aparecido la pincelada, la veladura, unas sutiles variaciones tonales, y en los que el color crea juegos espaciales a través de un lenguaje abstracto, pero donde en ocasiones se encuentran referencias figurativas. Creador de «pinturas silenciosas» pero emotivamente densas (Robert Ryman y Mark Rothko son referencias ineludibles en su trabajo), mantiene en su obra gráfica esa misma tensión asociada a una contención absoluta, y este aguafuerte y aguatinta del año 1993, titulado Estela, es magnífica muestra de ello.