Hijo único de familia republicana, su padre, de profesión impresor, alcanzó cierto éxito como dibujante de artes gráficas y publicidad. Ingresa en el Liceo Francés de Barcelona y en 1964 entra como aprendiz en el taller de su padre. Entre 1965 y 1967 asiste a las clases nocturnas de la Escuela de Massana. Al final de este periodo decide trasladarse a París, siendo admitido en el taller de Piotr Kowalski y en la Escuela de Bellas Artes, donde realiza sus primeras esculturas.
El artista comenta sobre su obra realizada durante esos años:
«Mi trabajo en esta época tenía un aspecto industrial. Mis esculturas e instalaciones temporales, de carácter minimalista tanto material como formalmente, intentaban explorar y manipular físicamente tanto conceptos abstractos y científicos como fenómenos naturales, con la finalidad de poner de manifiesto las interacciones de la naturaleza con la cultura y la historia».
Durante el Mayo del 68, Torres participa activamente en las actividades revolucionarias y colabora en la elaboración de carteles políticos. Finalizadas las revueltas decide volver a España y realiza el servicio militar. En 1972 se traslada a Nueva York y poco después a Chicago, donde realiza sus primeras obras en solitario. Allí sus trabajos estaban más relacionados «[…] con la subjetividad cognoscitiva y perceptiva que la conducta política y expresaban mi tendencia a desconfiar de las apariencias y a cuestionar las presunciones generalizadas».
Francesc Torres pronto se convertirá en uno de los pioneros de las instalaciones, reuniendo esculturas y objetos encontrados, a los que más tarde se integrará el vídeo. Su arte está concebido como un medio de expresión para sus inquietudes políticas y sociales. Su obra muestra un interés por temas donde la reflexión sobre la violencia, el militarismo, el contraste de la pobreza y el lujo en las sociedades industriales, el consumismo…, son tratados mediante referencias históricas, políticas y científicas que «[…] se articulan y presentan utilizando unas estrategias estéticas y discursivas que se alimentan directamente del presente en que estoy inmerso. Lo que me impulsa a investigar el comportamiento humano y sus sedimentos no es el pasado, es el momento actual y sus repercusiones en un futuro a medio y largo plazo».
A principios de los noventa es invitado junto a otros nueve artistas españoles a participar en la edición de una serie de grabados, que se realizan en el taller de grabado Línea situado en Lanzarote. En la isla los artistas entran en contacto con la realidad canaria, y realizan un grabado y dos monotipos cada uno, que constituirán la serie Malpaís, nombre que en Canarias designa la «tierra de lavas» y que por consiguiente alude metafóricamente a la isla.
La obra que realiza Francesc Torres titulada Da capo recuerda alguna de las figuras primitivas del arte canario; el cuerpo representado como si fuera una Venus, presenta no obstante un aspecto hosco y distante, motivado en parte por la carencia de rasgos en el rostro. Como es habitual en su obra, el artista toma como referente una figura histórica.
Cuestionar, preguntar al espectador, hacerle reaccionar frente a su comodidad y letargo cotidiano es el fin de la obra de Torres, cuyo arte, como él nos confiesa: «[…] plantea preguntas a la caza de respuestas que iluminen la obligación moral que todos tenemos de no aceptar como el mejor de los mundos posibles el que hemos heredado de la historia».

