Contrapaisaje

Fecha: 1990

Técnica / material: Acrílico sobre tabla 

Dimensiones: 184 x 220 cm 

Categoría: Pintura

Fecha de ingreso: 01 / 01 / 1997 

Expuesto en: Colección Cabildo de Lanzarote 

Carlos Matallana

(Las Palmas de Gran Canaria, 1956)

El pintor Carlos Matallana ingresa en la Escuela Superior de Bellas Artes de Santa Cruz de Tenerife en el año 1973, realizando el último curso en la Escuela de Sant Jordi de Barcelona en 1979. En ese mismo año realiza su primera exposición individual en las salas de la Sociedad Torrelavega de Arrecife, a la que seguirán en 1980 y 1982 sendas muestras en el centro cultural El Almacén, en la misma ciudad. En el año 1982 trasladó su residencia a Tenerife, donde vive y trabaja actualmente.

Su trayectoria pictórica se inicia con una obra figurativa resuelta con densa materia pictórica y centrada en la representación de la figura humana. Matallana, en una evolución coherente y sin contradicciones, abandonará esta larga etapa para internarse en la recreación paisajística de vistas imaginarias, con un marcado carácter onírico y de armónica construcción, en los que coexisten formas geométricas como otras de apariencia orgánica, entrelazadas ambas por un vivo cromatismo.

A finales de la década de los ochenta su pintura había asumido el proceso abstractizante en el que se sumerge plenamente. Medianos y grandes formatos, a veces de perímetros no convencionales muy en la línea de los shapped canvas de Frank Stella, se rellenan con estrechas franjas paralelas que simulan un pequeño y repetitivo bajorrelieve, como en la visión frontal de unos cilindros agrupados en orden, consiguiendo delicados efectos de irisación con vivos colores.

Este acrílico sobre madera del año 1990, titulado Contrapaisaje, es una buena representación del periodo, y debido a la singularidad de su formato, una de las piezas donde las relaciones figura-fondo, centro-márgenes, y sus recorridos de lectura, se presentan con mayor complejidad.

En otras obras del momento, donde la organización de la imagen es circular y concéntrica, las referencias más inmediatas parecerían ser el Kenneth Nolland de las dianas de finales de los años cincuenta, unos Delauny o Frank Kupka geometrizados y pulcros, o un Vasarely con tendencia al estatismo.

Ya en la década de los noventa, la obra de Matallana presenta pequeños formatos donde sencillas naturalezas muertas y extraños paisajes traen a la memoria ciertos aspectos de la pintura de entreguerras europea (Valori Plastici, Realismo mágico) en la solidez de unos volúmenes macizos tendentes a las formas bulbosas y simplificadas, y en la limpieza de una atmósfera estática e inquietante.

En ese momento, uno de los rasgos más sorprendentes de su trabajo es el empleo del color, rebosante de las gamas más cálidas y ácidas, donde intensos naranjas, azules y verdes, tendentes a la planitud, parecen buscar sus complementarios en unos efectos de inspiración fauve muy cercanos al Salvo de los Nuovi-Nuovi, y que rememoran la obra de Bonnard, Matisse y Derain, o ya más cercanos y recientes, la de José Jorge Oramas, Miguel Villá o el Juan Antonio Aguirre de la «década multicolor».

Matallana, además de su actividad como pintor, ha realizado las ilustraciones y portadas de diversos libros, así como los diseños de carteles y telones para numerosas obras teatrales. En 1989 fue cofundador, junto con Adrián Alemán, José Herrera y Luis Palmero, del espacio polivalente La Cámara, en La Laguna, Tenerife.