Hijo de una familia burguesa, en su infancia, durante la guerra civil, su maestro particular fue el escultor suizo Charles Collet. Profesor y alumnos salían a pintar paisajes y plantas por los alrededores de Barcelona. También gracias a Collet conoció a artistas ya consagrados como Sunyer, Llorens Artigas y Hugué. En 1948, Xavier Valls hizo un viaje a Ginebra, pasando por París. A su retorno a Barcelona no pensaba en otra cosa que volver a París, haciendo todo lo posible por conseguir una beca del gobierno francés. Al año siguiente consiguió la mencionada beca y se trasladó a la capital francesa, donde reside desde entonces, volviendo a su ciudad natal únicamente en los períodos vacacionales. Una vez transcurrido el plazo de la beca (tres meses) Valls se puso a trabajar en una casa de vidrieras artísticas. En 1958 se casó con Luisangela Galfetti; de su matrimonio nacieron dos hijos, Manuel y Johana que, junto a su mujer, se convertirían en sus modelos.
Su primera etapa creativa, que abarca la década de los años cuarenta y la práctica totalidad de la de los cincuenta, es un período de realismo concreto. Pinta temas arquitectónicos de formas geométricas simples, paisajes, fábricas de Horta y algunos bodegones en los que aparecen enseres domésticos. Para la realización de estas obras emplea pastas espesas y pinceladas gruesas, cargadas de color y con luces y sombras acentuadas.
En la siguiente década, Valls geometriza la naturaleza, la realidad se esquematiza y afina el color, logrando que sus cuadros vayan perdiendo los contrastes cromáticos que aparecían en sus obras iniciales. El resultado conseguido son unas pinturas más pálidas y diluidas, de factura delgada, en las que la materia está extendida en capas muy finas, de superficies continuas y lisas. En la temática dominan los paisajes de montañas, valles y lagos de Suiza, país de nacimiento de su esposa y en el que pasa temporadas.
A partir de los años setenta, la obra de Xavier Valls adquiere la madurez y plenitud total. Poseedor de un dominio absoluto de la armonía entre el color y la forma, logra conjugar volumen, luz y espacio. Sus cuadros están realizados con pinceladas breves y luminosas, de apretados toques de color. Los blancos, los grises perla o los amarillos limón y rosas, se compenetran en los azules cristalinos. La temática abarca los paisajes, tanto parisinos como catalanes y mediterráneos, los objetos cotidianos, la figura humana. Adquieren importancia las casas, que habían aparecido en sus primeros cuadros, aunque recibiendo un tratamiento muy distinto como ya hemos dicho y tal y como se puede apreciar en esta obra del año 1974. Dentro de esta temática se puede distinguir entre las obras en que aparece la casa completa y aquellas en que es una parte, fundamentalmente ventanas, escaleras y puertas, el eje central del cuadro.
Las obras de Xavier Valls transmiten al mismo tiempo un mundo luminoso y a la vez, poblado de misterios; realizada tanto en formatos grandes como pequeños, dan la impresión de tener puesto un fino velo que les confiere ese aire misterioso en el que parece que hasta los seres más humildes e inanimados pueden tener un alma que aparece aquí plasmada.

