El pintor y escultor Fernando Mignoni, hijo del también pintor y escenógrafo de teatro y cine Fernando Mignoni Monticelli y de Carmen Guerra Cauqui, bailaora de flamenco, se crió en el ambiente cultural y artístico de su familia donde transcurre su infancia (su casa era frecuentada por Federico García Lorca, Edgar Neville, Gregorio Martínez de la Sierra, etc.), lo que marcará decisivamente su vocación.
Desde joven asiste con su padre a los centros de reunión de los artistas de vanguardia de la época y en ellos llega a conocer a Valle Inclán, Daniel Vázquez Diaz, los hermanos Solana o a los Arniches, entre otros personajes. Al comienzo de la década de los cincuenta frecuenta las clases de la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid como estudiante libre y asiste a las clases de dibujo del natural del Círculo de Bellas Artes. En 1954 organiza, junto con el poeta Manuel Conde, el ciclo Artistas de hoy, en la librería Fernando Fe, con exposiciones de arte abstracto. Cuatro años más tarde realiza sus dos primeras exposiciones individuales, en el Ateneo de Madrid una, y otra de dibujos en la galería de la librería mencionada. En 1960, seleccionado por Enrique Lafuente Ferrari en un concurso internacional, participará en la decoración del Teatro de la “Pera de Ginebra”, a la vez que es también seleccionado para el Premio Internacional Guggenheim.
A principios de la década de los sesenta, en un momento en que las corrientes informalistas se encuentran en evidente declive, organiza, crea y participa activamente en las actividades del Grupo Hondo, junto con Juan Genovés, José Jardiel, José Vento y Carlos Sansegundo. El grupo, que se presentó en la sala Neblí de Madrid en el año 1961, contando con el apoyo del crítico Manuel Conde, propondrá una pintura figurativa de marcado carácter expresionista y provocador; la motivación enlaza con la reacción más o menos generalizada que, tanto a nivel nacional como internacional, se dio en esos años en lo que se conoce como Neofiguración, que supuso una alternativa a los modelos en crisis del informalismo, y que derivaría, avanzada la década y en la siguiente, hacia enlaces más claros con figuraciones más explícitas como el pop art y el Nuevo realismo.
Como rasgo general, se puede señalar que los componentes del Grupo Hondo combinaron en su estilo una técnica libre, automática e inmediata, cuyo ascendente radica en la pintura informal, con ciertos elementos figurativos extraídos de la realidad circundante.
En 1963 traslada su residencia a París, donde permanecerá cuatro años. Es su momento de ruptura con el expresionismo dramático anterior y el de la incorporación de la naturaleza y el color a través de una figuración de detalle y perfilaciones muy atentas.
Posteriormente, ya en los años setenta, comienza una etapa en la que los grandes espacios de color ocupan una superficie sobre la que se yuxtaponen diversos planos; tal y como ocurre en este óleo sobre lienzo del año 1976 Baluarte, en el que el contorno neto de las áreas cromáticas tendentes a la planitud, del perfil recortado en breves trazos rectilíneos, queda delimitado por un dibujo en algún lugar enfáticamente remarcado y en donde parecen superponerse o encajarse unas piezas en otras.
El color, dentro de una paleta armónica, es aplicado con pequeñas pinceladas reinsistidas y descargadas que, al permitir la transparencia de las diversas capas, consiguen un efecto vibrante y luminoso incluso en las gamas más oscuras.
En su tendencia al equilibrio, la preocupación constructiva y el acabado de limpia factura, la pieza parece anunciar una transición hacia esa obra posterior de Mignoni, cada vez más preocupada por el orden de lo mental, que se inscribirá en la abstracción geométrica, o a esa otra más tardía de pinturas monocromas recorridas por incisiones que proporcionan a la pintura una bidimensionalidad espacial muy en la línea del espacialismo italiano.

