A una señorita muy joven

Fecha: 1975

Técnica / material: Acrílico sobre lienzo 

Dimensiones: 220 x 170 cm 

Categoría: Pintura

Fecha de ingreso: 09 / 03 /1979 

Expuesto en: Sala Colección permanente 

Eduardo Sanz

(Santander, 1928 – 2013)

Desde muy joven entra de aprendiz en el taller de pintura de Esteban Cossío, donde aprende la técnica de la pintura industrial y las tareas artesanales. En 1953 ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando de Madrid, donde coincide con Alcaín, Alcorlo e Isabel Villar. En 1959 comienza a realizar obras abstractas e informalista, basadas en la investigación del color y la materia con toques expresionistas. 

Las obras de este periodo se caracterizan por amplias extensiones de materia blanca rayada con surcos, apenas manchada de rojo o azul, que sugieren signos extraños. Su lenguaje poco a poco irá adquiriendo más complejidad, a través de la incorporación de elementos y formas que sin ser reconocibles nos apuntan interpretaciones diversas. 

En 1962 abandona el informalismo e investiga en el campo del collage, utilizando como soporte el papel quemado. En este periodo utiliza dos o tres planos diferenciados con círculos que ordenan en el espacio indicando profundidades esféricas, dándose más tarde en sus obras de los espejos, que empieza a desarrollar en 1963. 

En ella el autor busca el escándalo a través de la agresividad y la provocación, conseguida mediante la dialéctica establecida entre la reflexión del espectador, que veía su imagen proyectada pero rota, junto con la incorporación de objetos, como compresas, cuchillas de afeitar, pelucas, etc. Los espejos atraviesan varias fases creativas: la serie «ventanas» y después en «vías o carreteras».

En 1964 realiza sus extravagantes dibujos logrados con estampaciones textiles, con imágenes caprichosas que aluden a formas realistas y que resultan fantásticas: fusilamientos, acantilados, lunas, parejas de bañistas… son obras que respiran un aire surreal. Entre 1966 y 1967 se produce, según el artista, un verdadero cambio: «En esta etapa superpongo varios planos, dando a mis cuadros un carácter más estructural y formal. Las tres dimensiones son ya claras y lo que antes dejaba inconcluso, ahora está más terminado y hay un orden más armonioso. De aquí surgen los elementos geométricos, círculo-cuadrado, esfera-cubo. Esta es una etapa puramente abstracta —alguien la llamaba cinética—, que se mantiene hasta 1969».

El espejo, definitivamente incluido en las obras como elemento esencial, se conjugará con cristal, con formas y colores, además de incorporar el valor del tiempo. En 1970 comenzó con las «Capillas relicarios» y poco tiempo después con las «Alfombras» (espejos en el suelo).

En 1975 vuelve de nuevo a los pinceles y realiza una serie de «cartas de amar» en las que utiliza como sistema plástico las banderas, sirviéndose de un código marino o alfabético como en la obra A una señorita muy joven, con claras referencias al arte normativo, y realizada mediante una cuidada construcción y el uso sistemático de banderas, que responden a un mensaje en clave con una lectura que puede ser descifrada.

En 1978 después de una crisis personal, inicia una nueva etapa dedicada al mar, con navegantes y barcos, que concluirá con sus serie dedicada a los faros, a través de la serialización, la congelación del motivo y la frialdad de la obra, realizadas con acrílicos y aerógrafos, con ciertas alusiones a la estética pop, que ha continuado durante los últimos años.