Homenaje a Malcolm Lowry (Bajo el volcán)

Fecha: 1977

Técnica / material: Mixta sobre lienzo 

Dimensiones: 165 x 280 cm 

Categoría: Pintura

Fecha de ingreso: 09 / 03 / 1979 

Expuesto en: Sala Colección permanente 

César Manrique

(Arrecife, Lanzarote, 1919 – 1992)

Su formación inicial fue autodidacta. El contacto con los artesanos de Puerto Naos y las estancias veraniegas en la casa que su padre construyó en la costa norte de la isla, en uno de los parajes naturales más singulares de Canarias, dejaron una profunda huella en el joven Manrique. Su primer contacto con el arte que se realizaba en esos momentos lo tuvo gracias a las revistas de su padre, representante de comercio, le traía de sus numerosos viajes. En 1936 entabla amistad con los hermanos Millares, que se acababan de mudar a Lanzarote provenientes de Las Palmas; con ellos pudo, por vez primera, compartir sus inquietudes artísticas e intelectuales.

Participó en la Guerra Civil, experiencia que fue traumática para él y explica su antimilitarismo posterior. Terminada la contienda, para satisfacer a su padre, se traslada a Tenerife para estudiar arquitectura técnica pero, al poco tiempo, abandona los estudios y se reafirma en su vocación por la pintura. En 1942 realiza su primera exposición individual en los salones del Cabildo Insular. Sus obras eran retratos y paisajes costumbristas dotados, en algunas ocasiones, de un cierto aire sensual y monumental que denota la influencia de la obra de Néstor de la Torre.

En 1945, gracias a una beca, se traslada a Madrid e ingresa en la Academia de Bellas Artes de San Fernando, en la que tuvo como maestros a Vázquez Díaz y Eduardo Chicharro, y como compañeros a Francisco Echauz, Francisco Farrreras y José María Labra, con los que estableció una gran amistad. En Madrid conoció también a la que sería su mujer hasta su fallecimiento, en 1963. Sus obras van tendiendo progresivamente a un alejamiento del naturalismo; su lenguaje plástico se sintetiza y se deja sentir la huella de Matisse en el color y la de Picasso en el dibujo. Este proceso de sintetización queda presente en los dos gouaches, realizados en 1953, que presenta la Colección MIAC y que además dejan clara constancia de cómo la ausencia física de su isla natal no implicó su ausencia en la obra de Manrique. En su progresión sintetizadora crea, entre 1953 y 1954, una serie de monotipos con los que se adentró en el arte no figurativo. En esta etapa, su pintura es austera, cargada de materia que asume, con la potencia de su relieve, casi en exclusiva, el protagonismo de la obra. Manrique es ya un artista reconocido, participa en numerosas exposiciones colectivas e individuales y es seleccionado, en 1955, para participar en la Bienal de Venecia.

En la segunda mitad de la década de los cincuenta recibe los primeros encargos para la realización de murales, actividad en la que fue prolijo y que le permitió realizar colaboraciones con arquitectos. Esta faceta de su actividad anticipa las propuestas artísticas que realizará a su regreso a Lanzarote.

En diciembre de 1964 se traslada a vivir a Nueva York con una beca del Instituto Internacional de Educación de Nueva York. El contacto con la escena artística neoyorquina será de gran importancia en su evolución. Manrique lleva a cabo sus primeros collages, técnica que le reportó nuevas posibilidades plásticas y con la que realizó obras de gran lirismo.

César Manrique regresa a Lanzarote en 1968, en el momento en que la isla estaba comenzando su desarrollo turístico. El artista era consciente de que intervenciones desafortunadas en el delicado entorno natural de la isla podían comprometer su futuro de manera irreversible. El modelo de intervención urbanística que planeó en Lanzarote, con el apoyo del Cabildo, consistente en el máximo respeto al paisaje y a la arquitectura tradicional, creando una imagen particular y única a la vez, recibió la aprobación no solo de los habitantes de la isla y de los visitantes, sino el de la crítica internacional a través de los premios Mundial de Ecología y Turismo, en Berlín, Europa Nostra, y la declaración de Lanzarote como Reserva Mundial de Biosfera por la UNESCO. Entre las numerosas intervenciones arquitectónicas que desarrolló en la isla se encuentra la de la sede del Museo Internacional de Arte Contemporáneo.

El compromiso del artista con su tierra y su trabajo de intervención en el espacio público ayudaron a concretar su ideario estéticos, al que llamó arte-naturaleza/naturaleza-arte. A pesar de las importantes realizaciones urbanísticas que desarrolla durante los últimos veinticinco años de su vida, César Manrique nunca abandonó su actividad plástica. Sin abandonar el lenguaje matérico y abstracto, su pintura evoluciona dejando ver nuevas preocupaciones relativas a la disposición de la materia con respecto a la superficie del cuadro y a la significación del color, que recupera la intensidad. Durante un breve período, en la década de los setenta, en sus obras vuelven a aparecer referencias figurativas como se aprecia en el Homenaje a Malcolm Lowry ‘Bajo el volcán’ de 1977.

En los últimos años sus cuadros se abren a diversas posibilidades expresivas con la incorporación a las obras de nuevos materiales como telas, cartones o arpilleras. Por otro lado, en este período final de su creación, la escultura toma una más amplia diversidad de lenguajes y materiales que su producción pictórica. Estas diferencias de lenguajes y materiales en sus distintas facetas artísticas no deben confundirnos, ya que hay una referencia común en todas ellas como una constante en la producción de César Manrique: la naturaleza, como se aprecia en la obras Fósil n.º 3, de 1987, pertenecientes a la serie Fauna Atlántica.