Grand nu allongé

Fecha: 1959

Técnica / material: Bronce 

Dimensiones: 105 x 175 x 50 cm 

Categoría: Escultura

Fecha de ingreso: 09 / 03 / 1979 

Expuesto en: Jardín 

Baltasar Lobo

(Zamora, 1910 – París, 1993)

La vida de Baltasar Lobo se desarrolló, desde su infancia, siempre en relación con la escultura. A los doce años fue admitido como aprendiz en un taller de imaginería en Valladolid, donde también se inició como modelador asistiendo a clases nocturnas en la Escuela de Artes y Oficios. En 1927 consigue una beca que le permite ir a estudiar a la Escuela de Bellas Artes de San Fernando. Permanecerá en Madrid, una vez terminada la beca, ganándose la vida con trabajos de estatuaria funeraria. La mayor parte de la obra de este primer periodo se perdió durante la Guerra Civil y era definida por el propio Baltasar como situada todavía en la esfera del realismo. En 1929 descubre, en una exposición celebrada en Madrid, la obra de Picasso, Gargallo, Dalí, Miró, Bores y otros artistas representantes del arte de vanguardia.

En 1936 se casa con la escritora Mercedes Guillén. Durante la guerra civil española combate con el bando republicano y colabora con dibujos para revistas y carteles anarquistas. Al final de la guerra, se exilia con su mujer en Francia donde entrará en relación con dos personajes fundamentales para su futuro: por un lado Pablo Picasso, quien acoge bajo su protección al joven compatriota huido y le abre las puertas del medio artístico de la capital francesa; el otro encuentro decisivo de su vida y en su trayectoria artística es el del escultor Henri Laurens, con quien trabajó y le proporcionó una gran ayuda.

Durante los años de la ocupación alemana en Francia (1940-44) tuvo que vivir en la semiclandestinidad, realizando piezas de pequeño formato, centrándose en la representación de la mujer, tratada de forma muy somera, con ruda ingenuidad, de rostro inexpresivo, marcado tan sólo por una nariz, a la manera arcaica. La representación de la figura femenina será una constante a lo largo de toda la obra de Baltasar Lobo. A partir de 1947 comienza a trabajar también el tema de la maternidad, con el que conseguirá dotar de una agilidad y movimiento a sus obras que antes no tenía y de las que partirá su escultura posterior. La pieza culminante de este periodo es la gran Maternidad de 1953, de la Universidad de Caracas.

A partir de 1951 y hasta la mitad de la década siguiente, el trabajo de Baltasar Lobo se va desplazando hasta las fronteras de la abstracción, aunque sin llegar a renunciar plenamente a sus lazos con la realidad objetiva como fuente, más o menos remota, de inspiración. El propio artista comenta: «Mi trabajo actual es, como siempre, figurativo; es decir, abstracto. Parte forzosamente de una figuración. Se hace abstracción que se simplifica, que se sintetiza. Y por simplificar esa realidad entiendo concentrar la emoción con el fin de sentirla y comunicarla más directamente». A esta etapa pertenece la escultura, realizada en 1959, que presenta la colección del MIAC, caracterizada, al igual que otras de este periodo, por el despliegue horizontal de la pieza en la que toda precisión anatómica se diluye en una síntesis de modulación alterna de curvas cóncavas y convexas pero que mantienen, dentro de la abstracción, un ritmo de tipo anatómico.

En la segunda mitad de la década de los sesenta su obra retoma poco a poco un cierto aire de las esculturas arcaicas que tanta presencia habían tenido en su primera etapa creativa. En los desnudos femeninos de este periodo final de su obra, Baltasar omite el rostro, las manos y los pies de la figura llegando, en algunos casos, a centrar su trabajo únicamente en el torso de la figura, sin representar ningún otro elemento. En este momento de su creación realizará también figuras de animales y de centauros.