Gabino toma sus primeras lecciones en el taller de escultura de su padre. En 1939 se matricula en la Escuela Superior de Bellas Artes de San Carlos, y años después, recibe una beca para ampliar sus estudios en Roma. Allí conoce la escultura clásica y a jóvenes escultores como Marino Marini, Manzú y Carrá, artista éste último al que contempla cuando trabaja y con el que conversa a menudo. En esta época, la necesidad expresiva del artista se plasma en dibujos en los que ensaya y busca incesantemente el camino a seguir; en el papel las ideas se exponen con rapidez, y eso le permite investigar y dar soluciones, que más tarde quedará patente en sus obras.
En 1952 recibe otra beca, esta vez para estudiar en París, donde además de conocer a numerosos artistas, comprueba la variedad de formas que artistas como Mondrian, Picasso, Brancusi…, aportan al arte de su tiempo. Pocos años después, decide viajar por centroeuropa y en 1957 se traslada a Hamburgo para estudiar la técnica de la litografía y el grabado, empezando a hacer monotipos. En 1960 recibe una beca de la Fundación Ford y viaja a Estados Unidos. Conoce a Calder, Archipenko, Lipchitz…, Norteamérica le atrae y la técnica le inspira. Para Gabino el viaje es una constante vital, que le permite conocer de una manera directa las experiencias y búsquedas de los lugares que visita. Este viaje supuso el hallazgo de un nuevo concepto artístico con el que podía expresar su idea de una civilización tecnológica a través de un lenguaje totalmente personal.
Si las primeras obras del artista habían sido estatuas figurativas en bronce de desnudos femeninos, hacia 1960 vemos cómo evoluciona hacia conceptos constructivistas, que se mantienen hasta 1965 mediante valores rítmicos o espaciales. En esta época utiliza el material de hierro unido con soldadura autógena, emplea formas y figuraciones rectangulares, que desea fundir en una unidad. Son esculturas con cierto contenido expresivo, donde la horizontalidad y lo rectangular crean una apariencia de estabilidad fingida, puesto que debajo de esas formas se agrupan relaciones de dimensiones y expresividad cambiantes. Las obras se realizan con láminas de metal formando masas que se reducen al constructivismo ambientado por la luz, el espacio y el movimiento.
A partir de 1965 queda definido su estilo, las obras se pliegan y se interiorizan, son cerradas en su estructura y planteamiento, pero abiertas y llenas de significaciones. Los títulos de estas piezas designan nombres de planetas o términos cósmicos: Saturno IV, Marte III, o como en la obra que nos ocupa Géminis III de 1975, metáforas corpóreas, que como dice Aguilera Cerni «[…] son símbolos de la era científica y tecnológica». La obra de forma cúbica como gran parte de las que realiza en este período, está formada por planchas de metal que rodean el centro y establecen un ritmo al estar atraídas por el eje central.
La obra se sitúa sobre una pequeña base que permite el rodamiento, que permite hacer girar la escultura, permitiendo que la luz y el movimiento entren en diálogo con el espacio. Al principio utiliza el hierro y el acero, y poco a poco irá empleando el aluminio y el latón que son más ligeros y moldeables. También realiza estelas, que construye con planchas superpuestas y escalonadas a modo de árbol y múltiples en donde acentúa el dinamismo. El espacio cerrado se proyecta hacia el infinito a través de potentes ojos, de diafragmas entreabiertos que son el centro de casi todas sus obras. En ellas hay un marcado sentido del ritmo, que logra a través de sus estructuras como núcleos generadores de energía, que expanden su fuerza centrífuga y sus ondas hacia el espectador y que lo atraen e insertan en su campo magnético.
Su obra abarca también el campo de la cerámica y el diseño de objetos para la casa y el jardín. Gabino ha manifestado sobre su obra: «Si tuviera que definir mi obra para explicársela al observador, afirmaría que es la consecuencia lógica de la constante confrontación de las características de mi personalidad con el ambiente en que vivo. Creo que soy escultor en el sentido tradicional de la palabra, pero al mismo tiempo soy un individuo atento a la problemática contemporánea y a los sucesos de cada día… Parto de la base de que una obra de arte es un testimonio seleccionado de un artista consciente de lo que le rodea… Si el mundo de la ciencia y la tecnología contemporáneas puede verse en mis obras, consideraré que he conseguido mi propósito».

