Casa en el campo

Fecha: 1980 – 1985

Técnica / material: Óleo sobre lienzo 

Dimensiones: 295 x 180 cm 

Categoría: Pintura

Fecha de ingreso: 01 / 01 / 1985 

Expuesto en: Aljibe 

Manuel Hernández Mompó

(Valencia, 1927- Madrid,1992)

Hijo de un profesor de dibujo, desde muy joven muestra interés por la pintura. En 1942 ingresa en la Escuela de Bellas Artes de San Carlos de Valencia y coincide con Sempere, Vento y Genovés, entre otros. En 1951 recibe una beca y viaja a París, donde conoce la obra de Cezanne, Van Gogh, Matisse, Picasso y Braque. Más tarde obtiene otra beca para Roma y en 1956 se traslada a Holanda, donde reside un año y entra en contacto con los artistas del Grupo Cobra.

Por estos años, el pintor deja la pintura del natural y trabaja, sobre todo en papel, evolucionando desde una figuración de temática popular: gente de las calles, cafés, fiestas populares, etc., hacia una abstracción con sugerencias figurativas.

En 1957 fija su residencia en Madrid, mostrando su interés en ciertos elementos plásticos, que configurarán los fundamentos de una nueva composición espacial, mediante la búsqueda de un equilibrio cromático y la construcción de un mundo de signos, que caracteriza su obra.

La forma, el trazo y el signo se irá condensando poco a poco liberando el espacio plástico de elementos anecdóticos y reconocibles, sustituyéndolos por referencias pictóricas que nos recuerdan al Grupo Cobra, pero con menos dramatismo, aportando un gestualismo casi infantil, cercano a Miró.

Desde 1963 hasta 1973 combina sus estancias entre Madrid e Ibiza. El contacto con la isla supone un cambio importante en su obra: el color se aclara notablemente y aumenta la luminosidad, sus obras se hacen más espontáneas, la composición se fragmenta y condensa, e invita a un mundo abierto a la sugerencia como desea el artista: «Un cuadro terminado quiero que sea un descubrimiento constante de detalle. Que sugiera. Que nunca se aprenda».

En su obra, el pintor transmite, a través de imágenes, ligeras referencias a lo real, pero sin establecer alusiones a elementos concretos e identificables. En 1973 viaja a Estados Unidos, donde su visión y vivencias cambian, conoce cultos orientales y la pintura abstracta norteamericana, que le lleva a sustituir todo lo accesorio por una mayor sencillez y espontaneidad, y un uso de la luz y el color plasmados con delicadeza y elegancia.

En 1974 se instala en Palma de Mallorca, donde la luz mediterránea se deja ver en sus obras con el predominio del blanco y los tonos muy luminosos. En la década de los ochenta realiza obras como Casa en el campo. Como es habitual el título actúa como complemento e inductor plástico, de manera que al visualizar los signos que aparecen dispersos por el espacio plástico, el espectador recibe un cúmulo de sensaciones, provocadas por la forma y el color de la obra, buscadas por el artista.

«Mi obra se basa en la realidad. En todo eso vivo que está delante de nosotros, que nos rodea. Quiero que sea el reflejo de lo que vemos. No concreto un hecho anecdótico, sino escenas sin importancia… Eso oculto para el observador, que hay en la realidad, que inconscientemente impresiona, que se ve pero que no se capta, que está ahí con luz y forma […]».

El dibujo, el color y el signo, adoptan en la pintura de Mompó el papel de una sugerente provocación estética. El uso del color claro y una superficie libre de empastes densos y pesados, sirven de soporte al signo y al color creando una atmósfera poética y llena de sugerencias. En 1977 expone por primera vez sus Alarós, pinturas realizadas sobre metacrilato y en 1981 inicia una serie de experiencias escultóricas con planchas metálicas y dobladas que moldea y pinta de blanco y gris. Son piezas para ver por todos sus lados y colocar en espacios abiertos. Sus obras finales transmiten una clara espacialidad y simplificación en su composición, que se ofrecen más libres y aisladas del soporte, reduciendo la presencia del dibujo y el color a una suma de sugerencias.

Antes de su muerte el artista describía sus búsquedas como un intento de «acercarme a los colores que están en el viento. Al despertar azul que salta antes de la noche. Al amarillo del sol que saluda. Y cuando, al amanecer, todos los colores miran. Creo que la creatividad es un acto individual. Lo dicho en una obra responde a un ser, a un acto único […]».