Árbol

Fecha: 1984

Técnica / material: Óleo sobre lienzo 

Dimensiones: 145 x 114 cm 

Categoría: Pintura

Fecha de ingreso: 13 / 10 / 1986 

Expuesto en: Depósito MIAC 

Francisco Peinado

(Málaga, 1941)

El pintor Francisco Peinado emigra a los once años con su familia a Brasil, donde reside hasta el año 1963 en que vuelve a España. Salvo un breve periodo de tiempo a partir de 1958, en que cursa un año y medio de estudios en la Escuela Superior de Bellas Artes de Sao Paulo, su formación es autodidacta.

En el periodo que transcurre de 1959 a 1963 realiza sus primeras exposiciones individuales en Sao Paulo y Río de Janeiro, constituyendo ya el inicio de una carrera caracterizada por una uniformidad tanto estilística como temática. De regreso a España se instala en su ciudad natal, comenzando su obra a abrirse camino y conquistando un lugar para sí dentro del territorio de lo que, en el arte español realista y con resonancias oníricas de los años setenta, ha dado en llamarse Realismo fantástico. Y aunque no sería éste el denominador común aplicable al inicio de su trayectoria, más interesada entonces por un realismo muy conectado por las preocupaciones estéticas abstractizantes, sin embargo, una evocación surrealista pronto aparecerá como marca indeleble mantenida hasta nuestros días. A pesar del marco general que le acoge, su obra no resulta fácil de definir y encuadrar, ya que no se amolda a poéticas excluyentes ni delimitadas, y sus pinturas no se someten a ningún dictado conceptual externo o que no surja de su propio código necesario y diferente en cada ocasión.

En 1963 vive nueve meses en Colonia y expone en Frankfurt. En el año 1972 traslada su residencia a Madrid —casándose un año más tarde—, ciudad en la que vivirá hasta finales de 1979. Su evolución formal desde la producción de los años setenta, suntuosa de color, abigarrada y concreta, se desarrolla hasta sus pinturas más actuales de un aparente ingenuismo, bañadas por los efectos de luces múltiples, en las que el ser humano y su ambiente más inmediato son los protagonistas, y en donde la anécdota se convierte en centro y eje de una acción pictórica acumulativa plena de símbolos, alusiones e intencionalidades. A este periodo corresponde Árbol, un óleo sobre lienzo del año 1984, donde el pintor logra, con una economía iconográfica poco frecuente en él, poner de manifiesto el aspecto más misterioso, quizás sacro, del entorno natural simbolizado en este elemento totémico de aspecto pétreo. Peinado, que reivindica como lectura más acertada de su obra aspectos magicistas en mayor medida que los surrealistas, y que al ser preguntado por el pintor con el que se siente más identificado responde rápido: «Con ninguno. Sólo me gusta mi pintura.», no puede escapar a ciertas resonancias de determinado arte naíf, de la obra de Chagall, Moreau, Roualt, Redon, de los efectos de Turner, o de la extraña síntesis de dibujo franco y materia sin elasticidad del belga Jean Brusselmans. Pintor de enormes recursos y sabiduría técnica, Peinado es capaz de sacar un enorme partido al material pictórico, y afronta generalmente el blanco del soporte de una manera directa, sin bocetos previos, a pesar de ser un excelente dibujante.